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Claves para fortalecer la convivencia escolar

Convivencia escolar claves para fortalecerla
Publicado el martes, 29 de septiembre de 2026
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Claves para fortalecer la convivencia escolar

La convivencia escolar no significa estar de acuerdo siempre. En una comunidad donde niños y adolescentes aprenden, juegan y se relacionan todos los días, los conflictos son parte natural de la vida escolar. La diferencia la define cómo se acompañan y se resuelven los conflictos.

En este proceso, la familia y la escuela cumplen un papel fundamental. Desde casa, los niños comienzan a aprender cómo expresarse, a escuchar a los demás y enfrentar los desacuerdos. En la escuela se complementa ese aprendizaje, brindando espacios para desarrollar habilidades socioemocionales y aprender a convivir con personas diferentes.

Por eso, para fortalecer la convivencia escolar es necesario que los estudiantes aprendan a relacionarse de manera respetuosa y puedan resolver sus diferencias.

Entender que conflicto no es lo mismo que violencia

Un desacuerdo entre estudiantes no necesariamente significa que exista un hecho violento o de acoso. Los conflictos pueden aparecer en diferentes etapas y por distintos motivos.

Como explica Fiorella Macalupu, especialista en desarrollo emocional y convivencia de Innova Schools, “el conflicto no es algo negativo y debe ser entendido como una oportunidad”. “Lo importante es cómo se gestionan las emociones y se busca una solución”, agrega.

Esto ayuda también a que los adultos entiendan las diferentes situaciones y respondan de manera adecuada. No todo desacuerdo requiere la misma intervención, pero una situación de violencia o acoso sí necesita ser identificada y atendida oportunamente.

Enseñar a expresar lo que sienten

Hablar sobre lo que sienten nuestros hijos y ayudarlos a ponerle nombre a sus emociones es un buen punto de partida. Es importante, además, enseñarles que estar enojados, frustrados o tristes es parte de la vida, pero que esas emociones no justifican lastimar a otras personas.

Estas conversaciones pueden surgir a partir de situaciones del día, como un desacuerdo entre amigos, una derrota en un juego, entre otros. Escuchar antes de juzgar permite comprender mejor lo sucedido y acompañarlos en la búsqueda de alternativas.

En este contexto, los acuerdos son parte del aprendizaje. Las normas de convivencia se hacen más significativas cuando los estudiantes comprenden para qué existen y participan en su construcción. En casa, por ejemplo, conversar sobre los conflictos, cómo resolverlos, qué comportamientos no están permitidos y qué esperan unos de otros establece límites claros.

“Conversar y llegar a soluciones es determinante, porque cuando los hijos participan del proceso, aprenden a replicar de manera dialogante en otros espacios como la escuela”, señala Macalupu.

Familia y escuela: un mismo propósito

Sin embargo, la convivencia no puede depender exclusivamente de lo que ocurre en la escuela. La familia es el primer espacio en el que los niños aprenden a relacionarse y la escuela continúa fortaleciendo esas capacidades.

Por ello, mantener una comunicación cercana con los docentes y tutores permite compartir información, identificar dificultades y buscar soluciones de manera conjunta.

“Es muy importante que las familias sean cercanas, activas, con un control progresivo y siempre de acuerdo con la edad de los escolares”, sostiene Luisa Talledo, psicóloga especialista en educación inicial. La especialista recuerda que: “la familia representa el primer acercamiento a la convivencia y la principal fuente de su aprendizaje, que luego complementa la escuela”.

Esta corresponsabilidad implica saber cuándo pedir ayuda. Cambios bruscos en el estado de ánimo, aislamiento, miedo a asistir al colegio o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban pueden ser señales que requieren una intervención. Ante estas situaciones, conversar primero con el estudiante y mantener comunicación con la escuela puede ayudar a encontrar el acompañamiento adecuado.

Convivir también se aprende

Una buena convivencia escolar no se construye únicamente cuando aparece un conflicto, se fortalece cada día, cuando enseñamos a escuchar, respetar las diferencias, expresar las emociones y buscar soluciones sin recurrir a la violencia.

Familia y escuela tienen, en ese sentido, una tarea compartida: acompañar a los estudiantes para que comprendan que tener diferencias es parte de relacionarnos con otros, pero aprender a manejarlas con respeto es una habilidad que los acompañará mucho más allá de las aulas.

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