De igual forma, los niños interactúan diariamente en redes sociales, muchas veces, utilizando códigos y referencias que los adultos no conocen.
Por eso, además de saber utilizar la tecnología, necesitan desarrollar pensamiento crítico para evaluar los contenidos que encuentran, reconocer información confiable y comprender que aquello que publican puede tener consecuencias.
Esto también supone hablar sobre los riesgos que pueden encontrar en internet, como la desinformación, la presión social o el contacto con desconocidos. Sin embargo, explica Sandro Marcone, experto en educación digital, abordar estos espacios desde el miedo puede dificultar que los niños y adolescentes recurran a los adultos cuando algo les preocupa.
Acompañar es más que controlar
Para las familias, conocer cuánto tiempo pasan sus hijos conectados es importante, pero no siempre es suficiente. “Interesarse por qué plataformas utilizan, qué contenidos consumen, qué tendencias siguen y con quiénes interactúan”, señala Marcone.
Los controles parentales pueden ser una herramienta útil, pero el acompañamiento requiere conversación y confianza. Preguntar qué les gusta de una plataforma, qué contenidos les llaman la atención o qué situaciones les generan dudas puede abrir espacios para que aprendan a tomar decisiones por sí mismos.
“Más que establecer restricciones, se trata de construir acuerdos sobre privacidad, seguridad y uso responsable de la tecnología”, puntualiza el también experto en mediación parental Sandro Marcone.
La tecnología también puede ser una oportunidad para aprender
Preparar a los niños para un mundo digitalizado significa acompañarlos para que puedan utilizarla con propósito.
“Una búsqueda en internet puede convertirse en una oportunidad para aprender a distinguir información confiable; una herramienta de IA puede ser útil para cuestionar una respuesta; y una situación en redes sociales, abrir un debate sobre respeto y privacidad”, señala Antonio Kanashiro.
Incluso el desarrollo del pensamiento computacional puede comenzar sin una computadora, a través de juegos y actividades que involucren secuencias, lógica y resolución de problemas.
Todo este aprendizaje y el desarrollo de capacidades no ocurre únicamente frente a una pantalla, sino que se construye en el aula, en casa y en cada conversación en la que acompañamos a nuestros hijos a comprender el mundo digital del que forman parte.